Esta crisis además ocurre en un contexto donde el gobierno saliente deja un déficit fiscal estructural de 3,55% del PIB, muy por sobre la meta comprometida de 1,1%. Tres años consecutivos de incumplimiento no son un detalle técnico, significan estrechez presupuestaria real. El presidente electo ha sido claro: “las finanzas del país no están bien”, “enfrentaremos un año duro, muy duro”. Esto significa ajustes, y cuando hay ajustes los territorios compiten por prioridad. Aquí enfrentamos una doble emergencia: sanitaria, porque el hospital detenido compromete dignidad, listas de espera y equidad territorial; y económica, porque hablamos de mil nuevos empleos directos proyectados. Mil familias que podrían dinamizar comercio, arriendos y servicios. Cada mes de paralización no es neutro: es retroceso. Lo más inquietante no es la paralización, es el silencio. Ha pasado más de un mes desde el informe de la Contraloría y no hemos escuchado una declaración firme, categórica y sostenida de nuestro Alcalde que marque la hoja de ruta que dé prioridad al hospital y exija soluciones concretas. Tampoco hemos visto una articulación política transversal que instale al hospital como prioridad regional intransable. En momentos de crisis, la ausencia de liderazgo debilita la posición de la ciudad frente al escenario nacional y profundiza la incertidumbre. El presidente electo ha hablado de un “Gobierno de Emergencia”, entendiendo la emergencia como prioridad, urgencia y cumplimiento; y ha reconocido un “tremendo drama en salud”. Si esas palabras hacen eco en nuestra tan querida ciudad, Linares debería estar en el centro de esa agenda. Porque desarrollo es bienestar, es seguridad social y es estabilidad para las familias. No tenemos que esperar que todo se resuelva desde Santiago, el desarrollo de Linares y de nuestra provincia es responsabilidad de todos quienes la habitamos. La construcción de futuro depende de nuestro trabajo presente. Exigir transparencia, plazos claros y prioridad presupuestaria no es confrontación, es responsabilidad cívica. Linares está en emergencia, ¿están nuestras autoridades locales dispuestas a asumir liderazgo real y dar la pelea política que la ciudad necesita? ¿vamos a exigir que el hospital sea prioridad nacional o seguiremos aceptando la postergación como costumbre?
Esta crisis además ocurre en un contexto donde el gobierno saliente deja un déficit fiscal estructural de 3,55% del PIB, muy por sobre la meta comprometida de 1,1%. Tres años consecutivos de incumplimiento no son un detalle técnico, significan estrechez presupuestaria real. El presidente electo ha sido claro: “las finanzas del país no están bien”, “enfrentaremos un año duro, muy duro”. Esto significa ajustes, y cuando hay ajustes los territorios compiten por prioridad. Aquí enfrentamos una doble emergencia: sanitaria, porque el hospital detenido compromete dignidad, listas de espera y equidad territorial; y económica, porque hablamos de mil nuevos empleos directos proyectados. Mil familias que podrían dinamizar comercio, arriendos y servicios. Cada mes de paralización no es neutro: es retroceso. Lo más inquietante no es la paralización, es el silencio. Ha pasado más de un mes desde el informe de la Contraloría y no hemos escuchado una declaración firme, categórica y sostenida de nuestro Alcalde que marque la hoja de ruta que dé prioridad al hospital y exija soluciones concretas. Tampoco hemos visto una articulación política transversal que instale al hospital como prioridad regional intransable. En momentos de crisis, la ausencia de liderazgo debilita la posición de la ciudad frente al escenario nacional y profundiza la incertidumbre. El presidente electo ha hablado de un “Gobierno de Emergencia”, entendiendo la emergencia como prioridad, urgencia y cumplimiento; y ha reconocido un “tremendo drama en salud”. Si esas palabras hacen eco en nuestra tan querida ciudad, Linares debería estar en el centro de esa agenda. Porque desarrollo es bienestar, es seguridad social y es estabilidad para las familias. No tenemos que esperar que todo se resuelva desde Santiago, el desarrollo de Linares y de nuestra provincia es responsabilidad de todos quienes la habitamos. La construcción de futuro depende de nuestro trabajo presente. Exigir transparencia, plazos claros y prioridad presupuestaria no es confrontación, es responsabilidad cívica. Linares está en emergencia, ¿están nuestras autoridades locales dispuestas a asumir liderazgo real y dar la pelea política que la ciudad necesita? ¿vamos a exigir que el hospital sea prioridad nacional o seguiremos aceptando la postergación como costumbre?