ALAMIRO GARRIDO ADVIERTE: MENOS MAULE, MÁS SANTIAGO, UN RETROCESO PARA LA DESCENTRALIZACIÓN
Desde mi rol como consejero regional del Maule, levanto una alerta clara y sin ambigüedades. Lo que hoy se presenta como un ajuste técnico derivado del Censo 2024 es, en la práctica, una decisión profundamente política que afecta directamente la equidad territorial en Chile a partir de las elecciones 2029.
La disminución de un escaño en el Distrito 18 Linares Cauquenes en la Región del Maule no solo reduce representación. Traslada poder. Y ese poder se concentra aún más en la Región Metropolitana de Santiago.
Aquí está el punto central. No desaparece un escaño, cambia de manos. Y con ello se debilita la voz de los territorios que históricamente han tenido que esforzarse más para ser escuchados.
Durante años, desde el Maule Sur hemos defendido con convicción la descentralización, la equidad territorial y la necesidad de emparejar la cancha. Sin embargo, esta decisión avanza en sentido contrario. Mientras las regiones pierden representación, la capital aumenta su influencia, profundizando una brecha que no es solo política, sino también económica, social y cultural.
El Maule y especialmente el Maule Sur no son territorios secundarios. Son motores productivos fundamentales para el país. Desde aquí se sostiene la agroindustria, se genera empleo, se exporta y se aporta al desarrollo nacional. Pero esa fuerza productiva no se traduce en poder de decisión. Y hoy, con un escaño menos, esa distancia se profundiza.
Las consecuencias son concretas. Menos representación significa menor capacidad de incidir en decisiones estratégicas, menor fuerza para exigir inversiones y menor visibilidad para problemáticas urgentes. En un territorio con alta ruralidad, dispersión geográfica y brechas en salud, educación e infraestructura, perder un diputado es perder capacidad real de defensa.
En salud, donde las listas de espera siguen siendo una realidad dolorosa y la falta de especialistas afecta a miles de familias, cada voz importa. En educación, donde aún existen brechas importantes, cada gestión es clave. En conectividad, riego, desarrollo productivo y seguridad, cada espacio de representación es una herramienta para avanzar. Hoy esa herramienta se debilita.
Pero esto también tiene un impacto humano. Detrás de cada cifra hay personas que sienten que las decisiones se alejan cada vez más de su realidad. Adultos mayores que esperan atención, jóvenes que buscan oportunidades, familias que dependen de políticas públicas oportunas. Todos ellos hoy quedan con menos voz.
El Maule Sur también es identidad, tradición y cultura. Reducir su representación significa disminuir su presencia en el debate nacional, en un país que ya tiende a mirar desde lo urbano y centralizado. Desde una mirada estratégica, esto es preocupante. Chile necesita equilibrar su desarrollo, fortalecer sus regiones y diversificar su crecimiento. Pero decisiones como esta hacen lo contrario. Refuerzan el centralismo, concentran poder y perpetúan desigualdades.
Se mide población, pero no se mide abandono. Se ajustan cifras, pero no se corrigen inequidades. Hoy también corresponde hacer una pregunta clave sobre las responsabilidades institucionales. El Servicio Electoral de Chile cumple un rol técnico en la propuesta de redistribución, y el Tribunal Calificador de Elecciones puede revisar aspectos de legalidad. Pero la decisión de fondo es política. El debate real está en el Congreso Nacional de Chile. Son los parlamentarios quienes deben asumir la responsabilidad de defender a sus territorios y, si es necesario, impulsar cambios legales que corrijan estas distorsiones.
Si una norma genera desigualdad territorial, entonces esa norma debe revisarse. Y eso exige voluntad política, acuerdos y una defensa firme de las regiones. Aquí se abre una discusión de fondo que no podemos seguir postergando. Si queremos avanzar hacia la descentralización real, debemos preguntarnos por qué las regiones deben perder representación en lugar de fortalecerla. Por qué no aumentar los escaños en regiones o equilibrar la concentración existente en la Región Metropolitana.
El problema no es solo demográfico. Es estructural. Santiago concentra población, pero también concentra poder, decisiones e inversión. Y cada ajuste basado únicamente en población termina profundizando esa concentración. No es solo un escaño menos. Es menos voz, menos defensa, menos oportunidades. Chile no puede seguir construyéndose desde el centro ignorando a sus territorios. El Maule Sur no necesita menos representación. Necesita más fuerza, más voz y mayor capacidad de decisión.
Porque cuando una región pierde voz, no solo pierde la región. Pierde el país completo.


























