Depresión: del intestino al cerebro, la nueva mirada que abre caminos para un tratamiento más personalizado
Con la salud mental de los chilenos en su peor nivel desde la pandemia, especialistas destacan la importancia de abordar de manera integral la depresión y la ansiedad, con líneas de investigación basadas en la microbiota intestinal, los psicobióticos y la neuromodulación cerebral.
La relación entre la salud intestinal y el bienestar emocional se ha convertido en una de las áreas de mayor interés en la investigación médica. La Organización Mundial de la Salud estima que 332 millones de personas viven con depresión en el mundo, un 4% de la población, y en Chile el último Termómetro de la Salud Mental Achs-UC, entregado a principios de octubre, reveló que el 18,5% de los encuestados presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental, 5,8 puntos porcentuales más que en abril de 2025 y la cifra más alta de los últimos cuatro años. En este contexto, el llamado “eje intestino-cerebro” gana relevancia: en el intestino viven entre 10 y 100 billones de células microbianas, conocidas como microbiota intestinal, que según estudios recientes cumple un papel en la regulación del estado de ánimo y su posible influencia en trastornos como la depresión. La neuróloga especialista en microbiota de BTC Chile, Dra. Andrea Chávez, explicó que “el intestino influye en nuestro estado de ánimo, no solo digiere comida, alberga millones de neuronas y trillones de bacterias que fabrican los mismos componentes químicos que el cerebro usa para regular las emociones”. Según la especialista, cuando las bacterias beneficiosas disminuyen y las dañinas crecen, la pared intestinal se debilita y puede generar una inflamación que llega hasta el cerebro. La microbiota, agregó, permite ver si el paciente tiene un “incendio” interno por inflamación o si faltan bacterias clave para fabricar neurotransmisores, y su equilibrio depende de la alimentación, los probióticos y el descanso. Desde el intestino se produce el 90% de la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad.
Si bien los cambios en la microbiota se asocian con algunas enfermedades, aún no hay evidencia suficiente para establecer una relación causal clara con la depresión o la ansiedad. Pese a ello, la Dra. Chávez asegura obtener buenos resultados con un tratamiento integral que incluye cambios en la dieta e ingesta de probióticos. Los llamados “psicobióticos”, con cepas como Lactobacillus y Bifidobacterium, han mostrado en pacientes la capacidad de reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aliviar síntomas del desánimo, aunque, según indicó, aún se investiga cómo lograr que un probiótico específico funcione igual de bien en todas las personas.
Otro enfoque complementario es la neuromodulación cerebral, que entrega buenos resultados en pacientes con depresión resistente y estrés postraumático. En Chile está disponible la terapia MeRT, versión más avanzada de la Estimulación Magnética Transcraneal, técnica no invasiva e indolora que utiliza una bobina electromagnética capaz de atravesar hasta 2 centímetros la corteza cerebral y modular la actividad neuronal en los circuitos que regulan el ánimo. Está aprobada por la FDA para el tratamiento de la depresión resistente desde los 15 años y para el trastorno de estrés postraumático. La psiquiatra de Neuroreset, Dra. María José Arroyo, señaló que la terapia disminuye los efectos secundarios de los tratamientos farmacológicos y da a un 70% de los pacientes la posibilidad de que su cerebro responda a ella.


















