Ir al colegio, juntarse con amigos y sacar buenas notas no siempre significa estar bien: las señales que pueden alertar en adolescentes
En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el Servicio de Salud Maule llama a familias y comunidades educativas a observar cambios que pueden pasar inadvertidos y a generar espacios de confianza para conversar y pedir ayuda.
Mantener la rutina diaria —ir al colegio, ver amigos, usar redes sociales e incluso sacar buenas notas— no siempre refleja el verdadero estado emocional de un adolescente. En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora este 10 de septiembre, el Servicio de Salud Maule hizo un llamado a mirar más allá de las apariencias y poner atención en señales que, aunque parezcan menores, pueden indicar que un niño, niña o adolescente está atravesando un momento difícil en su salud mental. Según explicó el psiquiatra infantojuvenil Juan David Montecinos, el malestar emocional muchas veces se expresa de forma indirecta, incluso en jóvenes que mantienen un buen desempeño académico.
Entre las señales de alerta, el especialista mencionó la mayor irritabilidad o el abandono del juego en los niños más pequeños, y en los adolescentes, cambios sostenidos en el sueño o la alimentación, mayor aislamiento, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban, y el alejamiento de espacios como el deporte o los talleres. También llamó a prestar especial atención a las autolesiones, a una ansiedad que empieza a limitar la vida cotidiana, y a cualquier expresión vinculada al deseo de desaparecer o morir. Muchas veces estos cambios se hacen visibles primero en el hogar, por lo que la recomendación es no quedarse solo en la conducta observada, sino indagar qué puede estar ocurriendo detrás de ella.
Frente a este tipo de señales, el primer paso —según Montecinos— es acoger y escuchar, evitando actitudes que minimicen lo que el joven está sintiendo o que busquen convencerlo rápidamente de que no tiene motivos para sentirse así. El especialista también derribó un temor común entre las familias: preguntar directamente sobre el suicidio no induce la idea, sino que puede generar mayor confianza y apertura para conversar. Entre las recomendaciones para madres, padres y cuidadores se cuentan observar los cambios de ánimo, preguntar con calma, escuchar sin juzgar, tomar en serio cualquier expresión relacionada con el daño propio o la muerte, y fortalecer las redes de apoyo del adolescente. Ante síntomas persistentes, las familias pueden acudir al CESFAM más cercano; en caso de riesgo inminente para la vida, se recomienda dirigirse a un servicio de urgencia, y está disponible además la línea *4141, con atención profesional las 24 horas.


















