Vodanovic a Kast por la Megarreforma: "Chile ya pagó cara esa soberbia, no obliguemos al país a aprenderla de nuevo"
La senadora del Maule anunció su voto en contra de la rebaja del impuesto corporativo, la invariabilidad tributaria y la reintegración, advirtiendo que el Gobierno repite el mismo error de quienes creyeron que una mayoría mínima era suficiente para escribir las reglas de todos.
En su intervención en la Sala del Senado durante la votación de la Megarreforma, la presidenta del Partido Socialista y senadora del Maule, Paulina Vodanovic, fue directa en el diagnóstico político que guía su posición: ganar una votación por un voto puede ser legal, pero cuando se trata de las reglas estructurales de un país, esa victoria mínima puede convertirse en la forma más rápida de perder legitimidad. Desde ese punto de partida, anunció su voto en contra de la rebaja del impuesto corporativo, la invariabilidad tributaria y la reintegración, entre otras indicaciones del Ejecutivo insertas en la iniciativa. Vodanovic aclaró que su rechazo no apunta al objetivo de hacer crecer a Chile, sino a la manera en que el Gobierno busca lograrlo.
La senadora estableció una comparación que no dejó espacio para la ambigüedad: el Ejecutivo está repitiendo el error que cometió el Partido Republicano en el segundo proceso constituyente, cuando creyó que una mayoría alcanzaba para imponer las reglas de todos sin acordar con nadie. Y lo dijo con autocrítica explícita, reconociendo que la izquierda cometió el mismo error en el primer proceso. Chile pagó caro esa soberbia en ambos casos, advirtió, y las reformas tributarias y fiscales no son distintas en ese sentido: las reglas de un país no se imponen, se acuerdan, y las políticas de crecimiento no se construyen desoyendo a la mitad de la nación.
Vodanovic fue cuidadosa en señalar que el PS ha estado disponible para apoyar toda norma seria y eficaz que acelere la reconstrucción de las zonas afectadas por catástrofes, asegure la trazabilidad de los recursos y fortalezca a los municipios. Pero esa disponibilidad tiene un límite: no puede convertirse en un cheque en blanco para una reforma que en su lectura no construye legitimidad ni certezas duraderas para la economía chilena. Su mensaje final fue un llamado que va más allá de la votación puntual: Chile no necesita que un sector derrote a otro, necesita diagnósticos y soluciones compartidas en materia tributaria, fiscal, laboral y social.























