50 años de sala de clases: Molina despidió a 12 educadores que dejaron su vida en la educación pública
En una ceremonia emotiva, el municipio reconoció a profesores y asistentes que llegaron al final de su carrera docente, algunos con medio siglo de servicio y una historia personal que la comunidad no olvida fácilmente.
Hay despedidas que se sienten distintas. La ceremonia que organizó el municipio de Molina para reconocer a sus docentes retirados no fue un trámite administrativo sino un acto de gratitud que tuvo lágrimas, anécdotas y el peso de vidas enteras dedicadas a educar. Doce educadores, entre profesores y asistentes de la educación, recibieron un reconocimiento especial junto al bono de retiro del Mineduc, en un acto que puso en valor algo que los números no pueden medir del todo: lo que significa pasar décadas frente a un curso, formando personas que luego forman a otras. Entre los homenajeados hubo casos de hasta 50 años de servicio, como el del profesor Claudio Varas, quien ejerció como director en varios establecimientos de la comuna y cerró su carrera en la Escuela Reino de Dinamarca.
Varas habló visiblemente emocionado y con la honestidad de quien sabe que una etapa importante de su vida se cierra. Dijo que se va feliz y satisfecho, que entregó lo mejor que pudo, y que agradece especialmente a los niños y adolescentes que le permitieron realizarse como profesional y como persona. Agradeció también a su especialidad, el francés, una materia que en las escuelas rurales de la provincia no es lo más común pero que él llevó con orgullo durante medio siglo. La profesora María Opazo, quien ejerció hasta el final en la Escuela Las Palmas de Tres Esquinas, se despidió con otra imagen: la del humor como herramienta pedagógica, esa que al principio los niños no entienden pero que termina por engancharlos, y con la que construyó recuerdos que se lleva consigo.
El concejal y presidente de la Comisión de Educación, Cristian Martínez, cerró la ceremonia con palabras que fueron más allá del protocolo. Recordó a docentes como la tía Angélica o el profesor Varas como figuras que forman parte de la memoria colectiva de Molina, personas que uno conoce desde chico y cuya presencia en la comunidad trasciende los límites del aula. Su mensaje fue simple y sincero: gracias por seguir haciendo de Molina una comuna con niños más felices y mejor preparados para la vida.


























